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viernes, 12 de junio de 2015
martes, 9 de junio de 2015
martes, 2 de junio de 2015
Carlos Skliar
Ni una a menos.
Las manos fueron hechas para mostrar, indicar, acariciar, sostener, aplaudir, rozar. No para la golpiza, no para el destierro.
Los oídos son como laberintos para escuchar las verdades que no sabemos. No para difamar ni para debilitar ni para violentar.
Las manos fueron hechas para mostrar, indicar, acariciar, sostener, aplaudir, rozar. No para la golpiza, no para el destierro.
Los oídos son como laberintos para escuchar las verdades que no sabemos. No para difamar ni para debilitar ni para violentar.
Y los ojos deberían ser la afirmación de otras vidas, no su condena o supresión.
No es fragilidad, es indefensión.
No es desnudez, es desolación.
No es ternura, es tortura.
El límite es el cuerpo: no violentarás, no violarás, no asesinarás; no abrazarás sino de a dos.
Reniego, rechazo a los hombres que asesinan a la mujer sin piedad.
Los maldigo, porque olvidan que de ellas vienen y hacia ellas ya no podrán ir.
Los condeno a la hoguera de la inhumanidad.
Ni una a menos, sí.
Pues cada mujer es más.
Y aún más
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